Discurso de Francisco J. Ayala. Premio Templeton 2010

DISCURSO DEL PROFESOR FRANCISCO J. AYALA

 

En la conferencia de prensa del Premio Templeton, 25 de marzo de 2010

Ciencia y religión son dos pilares en los que se apoya la vida social norteamericana. Un tercer pilar es la Constitución y las instituciones políticas que en ella se basan. La ciencia estadounidense es, en muchos criterios, la más próspera del mundo y la envidia de las naciones. El pueblo estadounidense es más religioso que la mayoría de los habitantes de los países tecnológicamente avanzados. Sin embargo, muchos estadounidenses, tanto creyentes como algunos científicos, piensan que la ciencia y las creencias religiosas están en contradicción.

 

Yo sostengo que la ciencia y las creencias religiosas no tienen por qué estar en contradicción. Adecuadamente entendidas, no pueden estarlo, porque la ciencia y la religión atañen asuntos diferentes. La ciencia se refiere a los procesos que representan el mundo natural: el movimiento de los planetas, la composición de la materia y el espacio, el origen y la función de los organismos. La religión se refiere al significado y al propósito del mundo y de la vida humana, la relación adecuada de las personas con su Creador y entre sí, y los valores morales que inspiran y gobiernan las vidas de las personas.

 

Sólo cuando se hacen afirmaciones más allá de las fronteras legítimas de ambas materias, la religión y la ciencia, y la teoría de la evolución en particular, parecen ser antitéticos. Ciencia y religión son como dos ventanas desde las que miramos el mundo. Vemos diferentes aspectos de la realidad a través de ellas, pero el mundo que vemos es sólo uno y el mismo. Consideremos una pintura, como el Guernica de Picasso. Supongamos que hago una lista de todas las características de las imágenes representadas en el cuadro, su forma y tamaño, los pigmentos utilizados, y la calidad y dimensiones de este inmenso lienzo, que mide unos 8 por 3.5 metros. Esta información sería interesante, pero sería poco satisfactorio omitir por completo las consideraciones estéticas, y no reflexionar sobre el sentido de esta obra y su motivación, el dramático mensaje acerca de la inhumanidad del hombre contra el hombre transmitido por la figura extendida de la madre tirando de su bebé muerto, los bramantes rostros humanos, el caballo herido, y la imagen satánica del toro.

 

El asunto es que la descripción física de la pintura no nos dice nada (por sí misma no puede decirnos nada) sobre el valor estético o histórico del Guernica, ni tampoco, por otra parte, la estética o el sentido deseado por el autor determinan las características físicas de la pintura. Sea el Guernica una metáfora de lo que deseo explicar. El conocimiento científico, como la descripción del tamaño, los materiales y la geometría del Guernica, es satisfactorio y útil, pero una vez que la ciencia ha explicado su parte, aún queda mucho acerca de la realidad que es de interés: cuestiones sobre el valor, el significado y el propósito de las cosas, que trascienden el ámbito de la ciencia.

 

La relación adecuada entre ciencia y religión puede ser, para las personas de fe, de mutua motivación e inspiración. La ciencia puede inspirar las creencias y el comportamiento religioso, de tal modo que respondemos con recogimiento a la inmensidad del universo, la maravillosa diversidad y adaptación de los organismos, y las maravillas del cerebro y la mente humana. La religión promueve la reverencia por la creación, la humanidad y el medio ambiente. La religión puede ser una fuerza motivadora y fuente de inspiración para la investigación científica, y puede mover a los científicos a investigar el mundo maravilloso de la creación y a resolver los enigmas a los que nos enfrentamos.

 

Ahora voy a ir más allá de estas afirmaciones y declararé algo que puede ser una sorpresa para la mayoría de la gente. El conocimiento científico, la teoría de la evolución, en particular, es coherente con la creencia religiosa en Dios, mientras que los postulados del creacionismo y el llamado diseño inteligente no lo son.

 

Esto debería ser válido para las personas de fe que creen en un Dios personal omnisciente, omnipotente y benevolente, como el de los cristianos, musulmanes y judíos. El mundo natural abunda en catástrofes, desastres, imperfecciones, disfunciones, sufrimiento y crueldad. Los tsunamis y los terremotos traen la destrucción y la muerte a cientos de miles de ciudadanos, las inundaciones y las sequías llevan la ruina a los agricultores. La mandíbula humana está mal diseñada, los leones devoran a sus presas, el parásito de la malaria mata a millones de seres humanos cada año y afecta gravemente a 500 millones de personas, el 20 por ciento de todos los embarazos humanos termina en un aborto espontáneo debido al deficiente diseño de nuestro sistema reproductivo.

 

 

La gente de fe no debería atribuir toda esta miseria, crueldad y destrucción al diseño específico del Creador. Yo lo veo más bien como una consecuencia de las torpes maneras de la naturaleza y del proceso evolutivo. El Dios de la revelación y la fe es un Dios de amor y misericordia, y de sabiduría. El conocimiento científico, y, en particular la teoría de la evolución, proporcionan una comprensión satisfactoria del mundo de la naturaleza y de la vida. También pueden sostener una visión religiosa de la creación.